Elegir bien el camino

El respeto duradero y la verdadera riqueza se construyen con disciplina, voluntad y acciones rectas.

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Marisol Vicens Bello.

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Santo Domingo.– Cada vez más la tendencia mundial es prestar mayor atención a la forma que al fondo, preferir un camino fácil y corto por no tener que asumir las cargas y responsabilidades del único que conduce a la real solución, y dejarse seducir por los efectos cosméticos y mediáticos, porque para muchos, cuenta más el mensaje que se les vende y que compran sin mayor análisis, que la realidad.

Por esa propensión a buscar vías expeditas muchos caen en los peores engaños comprando en la era de la información y la inteligencia artificial los mismos engaños en los que millones de otros han caído durante siglos, porque al parecer es muy duro aprender que lo que luce demasiado atractivo, ventajoso y fácil debe ser examinado con detención porque probablemente algún peligro yace detrás escondido, y es más fácil dejarse seducir y pensar que lo que a otros les tomaría mucho más tiempo y esfuerzo, por astucia podrá hacerse por una vía rápida, que aceptar la certidumbre de que creyendo pasarse de listos se tropiezan torpemente con las mismas piedras y se hunden.

Por más que algunos piensen o intenten hacer pensar que hay atajos para lograr los resultados, lo que la historia nos enseña es que las cosas que valen la pena se consiguen a prueba de esfuerzo, que las conductas se esculpen a golpes de trabajo, los éxitos se cuecen al calor de las horas de dedicación, y que solo con disciplina y voluntad real se logran cambios fundamentales.

Mientras muchos ayer como ahora han buscado el camino fácil, para obtener títulos académicos, para escalar socialmente, para lograr posiciones y conquistar riquezas, los hechos nos siguen demostrando que hay muchos espejismos y muchos desvíos en estos, que más temprano que tarde terminan poniéndose en evidencia, porque en la ambición de lograr las cosas con mínimo esfuerzo, a toda prisa y a todo costo, se pierde el norte, se doblegan las conductas, y se tuercen la moral y la ley.

Toda la sabiduría está escrita desde hace más de dos mil años en los Evangelios, y las mayores lecciones de la civilización humana nos fueron legadas por los clásicos griegos que vivieron cientos de años antes de Cristo, y sorprendentemente por mucho que hayamos avanzado tecnológicamente jugando incluso a vencer las leyes del tiempo y de la naturaleza, fuerza constatar que las debilidades humanas siguen siendo las mismas, y los mayores fracasos continúan derivándose entre otros vicios de la ambición desmedida, la vileza y la arrogancia, porque la fama es efímera y no hay dinero en el mundo que compre el respeto a largo plazo, por eso los más grandes héroes de la humanidad casi siempre vivieron carencias e injusticias, actuaron humilde y rectamente, y dieron más de lo que recibieron.

El inicio de la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza es un recordatorio de que el camino para la transformación requiere sacrificios como lo hizo el propio Jesús que se fue al desierto a prepararse para su última Pascua con silencio, ayuno y oración, y este debería ser un llamado para aquellos que quieran silenciar los ruidos de su vida y tener oídos para escuchar, a no olvidar jamás que todos debemos transitar el camino de la vida persiguiendo más enriquecer el espíritu que embellecer el físico que inexorablemente marchitará y morirá, y conscientes de que las verdaderas riquezas no son de este mundo, y que centrar la existencia en acumular bienes y privilegios es elegir un pago de contado efímero sin ningún valor para la eternidad.

Ojalá que cada uno de nosotros decidiera hacer un alto en su camino, penetrar a los rincones más íntimos del alma analizando cuales son los desvíos tomados, y reconociendo que la codicia, la frivolidad, la envidia, los fraudes, los delitos, los desenfrenos y los atentados a la vida, surgen de malos propósitos que han enceguecido a quienes por más poder terrenal que en un momento creyeron tener, terminaron sepultados moral o físicamente bajo el enorme peso de archivos pecaminosos, de prontuarios delictivos y de expedientes acusatorios, y habiendo perdido las bienaventuranzas que esperan a los humildes, a los limpios de corazón, misericordiosos, y luchadores por la justicia, a los que probablemente despreciaron.


    Marisol Vicens Bello

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